El Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES) inicia una serie de entrevistas a los referentes del Ministerio de Desarrollo Social que desde lo político y lo personal buscan una mayor equidad entre varones y mujeres en todos lo ámbitos. El Ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, abre esta propuesta que busca acercar a la ciudadanía el trabajo que el INMUJERES realiza día a día.
En el evento de entrega de Sellos de Calidad con Equidad de Género la responsable del Departamento de Estrategias Transversales de Género del INUMUJERES, Luciana Fainstain, agradeció su visión de hombre feminista ¿Qué es ser un hombre feminista?
Es creer que la perspectiva de igualdad de género tiene que estructurar la política pública, eso desde el lado político. En lo personal y la práctica cotidiana, significa creer que hay que ejercer la igualdad de derechos en la crianza de los hijos, en el hogar y en la generación de condiciones en los lugares donde uno tiene la posibilidad de tomar decisiones para que se logre la igualdad de oportunidades entre los hombres y las mujeres. Para ser feminista hay que partir de un reconocimiento de la desigualdad, y que ésta es un fenómeno social y no natural, construida a lo largo de los años y la única manera de revertirla es con una construcción alternativa.
¿Cómo se lleva a la práctica y cómo lo veía su entorno?
Cuando me decían "Daniel ayuda en su casa", yo decía “no, yo co-participo” que es un concepto distinto. Tuve oportunidad de mejorar mis ingresos sustantivos, sin embargo decidí estar más en mi casa y poder compartir las tareas del hogar y de la crianza. Era un rasgo distintivo ser un padre comprometido con la crianza de sus hijos, en algunos ámbitos era visto como raro y en otros ámbitos -más que nada de los amigos- era bien visto.
¿Cómo se construye la equidad?
Hay dos estrategias: una es a mediano y largo plazo que es cultural -tiene que ver con la manera que modificamos los hábitos de educación y cultura de nuestra gente- y la otra es una estrategia de corto plazo que busca ir forzando el cambio en esas condiciones de desigualdad a partir de medidas de políticas públicas que apunten a lograr la equidad de género. En el Ministerio de Desarrollo Social está el Instituto Nacional de las Mujeres que tiene esa responsabilidad política de generar las condiciones para el cambio, tanto en el mediano como en el corto plazo.
¿En la vida cotidiana cómo lo vemos reflejado?
En una sociedad en la que el desarrollo de las oportunidades está relacionado con la educación permanente y la capacitación, la dedicación horaria es claramente un factor de desigualdad, ya que en la medida que son las mujeres quienes dedican su tiempo a las tareas del hogar les quita la posibilidad de invertir tiempo en el desarrollo laboral o profesional. Por ejemplo: en una empresa pasa cotidianamente que cuando se elige a un empleado para viajar o realizar tareas los fines de semana se opta por un hombre porque a la mujer se le impone el mandato social de deber cumplir con sus tareas domésticas. Hay que generar un quiebre en ese sentido, ya que es una restricción que aparece cotidianamente que limita el avance de las mujeres en el ámbito político, sindical y profesional.
¿Qué avances cree que se han logrado en esta búsqueda de la equidad?
Creo que hay un avance abstracto, pero sustantivo, que es el reconocimiento del tema en la opinión pública y eso es básicamente un logro del INMUJERES: se admite que en casi todas las actividades de la vida está presente la desigualdad de género. Hay un segundo avance que se gesta a partir de la constatación de esta realidad y que se ve traducido en la elaboración de un marco legal: la ley de acoso sexual, la cláusula de género en el consejo de salario, los servicios de violencia doméstica. Si bien estas leyes empiezan a concretarse en los años 90, en Uruguay en el tercer nivel de avance -que es el práctico- comienzan a desarrollarse a partir de 2005. Hay avances en la reducción de la brecha salarial, en el reconocimiento del trabajo de las mujeres, en la atención a la violencia doméstica. Pero creo que son leves en relación a la magnitud del problema.
¿Cuál es hoy la tarea prioritaria del INMUJERES?
Asumiendo que hoy el rol de generar el cambio cultural- a través de la discusión política- y la regulación normativa son sus tareas permanentes para que el cambio suceda, creo que donde hay que dar pasos con mayor profundidad son en el combate a la violencia basada en género y en el mercado de trabajo. El hecho que a una mujer por igual tarea se le pague menos, o que se le pongan restricciones para el desarrollo de una carrera laboral creo que en el fondo es un hecho de violencia.
¿Cuáles son las ventanas de oportunidad en el mercado laboral?
Estamos en un momento en el que se pueden hacer muchas cosas ya que hoy el mercado laboral está en un tope de auge; si no hay un incremento de mano de obra en el mercado de trabajo va a haber realmente a largo plazo un nivel de estrangulamiento de las posibilidades de contratar personal. De lo que la estadística llama "población inactiva" el 80% son mujeres, de las cuales la mayoría tiene formación como para incorporarse al mercado laboral.
¿Cómo es eso de la población estadísticamente inactiva?
Yo soy profesor de economía laboral en la UDELAR y cuando le doy clase a mis alumnos hablamos de población inactiva: pongo a los jubilados, a los estudiantes, a las personas que hacen tareas en el hogar, etc. A continuación anuncio mi discrepancia con ese criterio en cuanto a las tareas del hogar que pone la ONU y la OIT. Para argumentar mi posición pongo como ejemplo a un señor que contrata a una cocinera a la que le paga un salario, ella es población económicamente activa, integra el mercado de trabajo y el volumen de dinero por la comida que ella cocina es parte del Producto Bruto Interno. Pero cuando el señor se casa con la señora cocinera, la mujer pasa a ser inactiva y el PBI baja. Esto pone en evidencia la incoherencia del modelo teórico y refleja la importancia y el reconocimiento que debe tener esta tarea, que creo es una discusión que en el futuro debe dar el Gobierno.
¿Qué camino se está siguiendo ahora para reforzar y mejorar la presencia femenina en el mercado de trabajo?
Hemos firmado algunos acuerdos con el Ministerio de Trabajo sobre inspección y control y hay que trabajar más fuerte en el ámbito privado que es el 80% del mercado. Las brechas salariales más importantes y las informalidades se dan en el sector privado. Y si es posible que en estos dos años y medio que quedan de Gobierno se geste un mayor ingreso de las mujeres calificadas, con hijos a cargo y a veces con dificultades para conciliar las dos tareas, me parece que tenemos la tarea central de generar estímulos- no los legales que en gran medida ya están- sino trabajar fuerte en el cumplimiento y la concientización. Yo creo que en esto nuestros grandes aliados son los sindicatos en ramas muy masculinazadas o al revés en ramas feminizadas, donde los principales dirigentes son varones para de alguna manera incorporar la igualdad en el trabajo. Creo que es en el mercado de trabajo donde se juega gran parte del partido para a partir de acciones subjetivas generar las condiciones objetivas que garanticen condiciones de igualdad. En una sociedad capitalista donde el ingreso se procesa es través del mercado de trabajo y éste forma una parte importante en las relaciones interpersonales, creo que debe ser prioritario.
Vamos al tema de la violencia doméstica. ¿Qué está pasando con la sociedad uruguaya, cómo influye en esto la emancipación femenina?
Creo que hay antes que nada un sociedad que se está volviendo cada vez más violenta en todos los ámbitos, en los espectáculos públicos, en el tránsito, en los hechos delictivos. En cuanto a la violencia doméstica sí creo que la emancipación femenina juega dialécticamente. Al mismo tiempo que es un factor que permite enfrentar situaciones de violencia, genera más violencia de parte de los varones que ven como una amenaza esa emancipación. Es claramente un desafío que tiene el INMUJERES.






